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la ley de la calle

en españa hay tres tipos de policías: los locales, los nacionales y la guardia civil. los locales juegan como figurantes, en teoría no tienen permiso para llevar armas, ni para detenerte, son funcionarios con uniforme. los nacionales, en cambio, son policías de verdad, los de siempre. y la guardia civil es el cuerpo más grosso, el que más peso tiene, a los que hay que tenerle más miedo. el otro día, estos últimos me pararon.en mi afán de hacer deporte me subo a la bici (que me traje empaquetadita en el avión) y me pierdo por una carretera que en este momento de la temporada suele estar bastante transitada por ser la única que lleva a las salinas, una playa hermosa y extensa con el agua celeste y las arenas blancas, hasta donde llego y en cuya punta, desde un paredón, me siento a descansar, observar el paisaje y meditar sobre la longevidad del cangrejo.
uniformada como siempre: short lo más corto posible, el top de la bikini, mis nike negras, aceite factor 15 embadurnándome el cuerpo y el ipod en el brazo, como los deportistas, en su funda de neoprene; así me voy un par de veces a la semana escuchando alguna exquisita selección de música potente, como para animar el momento y mantener buen ritmo de pedaleo. y el viernes, de camino a las salinas, me crucé de frente con un auto de la guardia civil.

no era la primera vez que me los cruzaba, y siempre supuse que ir en una bici con la música al palo no era lo más civilmente correcto, ya que no escucho una papa de lo que sucede a mi alrededor, pero nunca en estos cuatro meses me pararon ni me dijeron nada, así que seguí de largo sin preocupaciones; hasta que unos minutos después el mismo auto (que al verme habría dado la vuelta) pasó por al lado mío, paró más adelante y uno de los guardias que bajaba del vehículo, haciéndome señas con la mano, me indicó que parara. yo miré para todos lados pretendiendo no entender por qué habrían de pararme a mi, la deportista, y me acerqué al oficial empezando ya a poner mi mejor cara de sorpresa.

lo bueno de andar en bici es que con el viento el calor no se siente y va una muy fresca; lo malo es que en cuanto se desciende del vehículo y no hay más aire golpeando el cuerpo, este mismo comienza a sudar, ahora en verano de forma estrepitosa y violenta. creo que le debo a hawaiian tropic la virginidad de mis antecedentes de tránsito.

sorprendidísima, mientras me quitaba los cascos y los guardaba en un estuche de la bici donde llevo, entre otras cosas, el dni, me dispuse a escuchar el por qué del stop mientras me auto convencía internamente de mi inocente ignorancia respecto de lo que se me estaba informando:
“¿sabe usted que no puede ir escuchando música en bicicleta y mucho menos por una carretera? ¿sabe que la broma podría suponerle una multa de 150€? imagínese usted que viene un coche detrás y le pita, usted no lo escucha y le pasa por encima, ¿entonces que hacemos?”
“no no, claro, la verdad es que tiene razón, no lo había pensado nunca así, claro que tiene razón, no sabía que estaba prohibido pero por supuesto que ahora que lo sé no lo volveré hacer, no se preocupe que no habrá próxima vez, no se volverá a repetir, claro que no, no tiene usted que preocuparse”.

habíamos llegado a un acuerdo y estaba yéndose ya el hombre pero se vuelve sobre sus pasos: “no tendrá usted ahí su dni, ¿no? porque sino le tomaba los datos, por si la volvemos a ver” (aquí, momento de astucia argentina, que después califiqué de estúpido ya que por no llevar identificación también me pueden multar) “no, no lo tengo conmigo ahora, es que no tengo donde ponerlo, pero no se preocupe que no va a volver a pasar, no me va a volver a ver con los cascos” “vale, perfecto, vaya con cuidado” “sí, claro, gracias, gracias, hasta luego, gracias”.

dice una amiga que si yo fuese hombre ya estaría pagando la multa, ya que (dice siempre otro amigo) “el desconocimiento de la ley no exime de su cumplimiento”.
casi, otra vez casi. creo que la música sobre pedales va a terminar acabando conmigo…

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