fiesta, amor y humedad

uno de los únicos pocos problemas es dejarse un paquete  abierto, o siquiera semi abierto, porque la isla es húmeda y la humedad acaba con tus comida. pocas cosas peores que morder con toda una ilusión una galleta que, en su  teórica esencia debiera ser crocante, y que la hijadeputa (ella y todo el paquete)  resulte estar ultra babosa.

otro problema puede ser no estar conforme con el trabajo, algo que suele sucederme de forma espontánea y frecuente, en todas partes del mundo. soy bolche, no puedo cerrar la boca, que va usté a hacerle. esta mala costumbre de disfrazar la esclavitú de 60 hs semanales no me hace ninguna gracia.

pero la isla sigue siendo verde y azul y bella.

y empiezan a llegar los bellos hombres, y también las mujeres.

y la primavera se va, y con ella (para inmensa y alegre sorpresa)  mi alergia, mis mocos, las gotas para los ojos, y la naríz, y el antialérgico, y los pañuelos, y los estornudos…

y entre hoy y mañana, que tengo días libres, debo conseguirme un nuevo trabajo, y así será, uno bueno y bonito en el que me paguen mucho, lo encontraré,  me tengo una inconmensurable e infinita fe  (y he tenido que buscar inconmensurable en el diccionario para ver dónde iba tanta N, lo admito).

y no mucho más. paz y amor, amigos, y mucha fiesta desde este fabuloso lugar.

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e i v i s s a

hoy caminé sobre spaguettis y volví a tener cuatro años (a alguien se le había roto un paquete en el medio del super, nada del otro mundo). y el otro día encontré un perfume que le robaba a mi mamá en la adolescencia y que había borrado de mi memoria y volví a tener 15 o 16 más o menos (y fue un poco del otro mundo, esa sí). pero lo que sí se vivió desde este cuerpo como absolutamente del otro mundo fue haber estado sentada en una piedra en una cala en esta isla en medio del mediterráneo. not of this earth.
si vivís en el centro de ibiza no entendés nada; si tenés la oportunidad de que alguien te lleve a conocerla por dentro, lo entendés todo. porque el centro de ibiza es una mezcla entre marruecos, ghana (las putas de la esquina de casa) y una carpa gitana de las que había en salta cuando yo era chica, sólo que los gitanos de acá no se visten con telas ni viven en carpas. pero oh, agarrá un auto y andate por ahí en tu día libre, y entendé todo. entendé como el verde infinito y el azul eterno del paisaje se te meten en el cuerpo y no quieren salir más. entendé como el agua es parte tuya, extensión de tus brazos y tus piernas y tu cara y como no querés volver a ver un edificio en tu puta vida. creo que hasta podés entender las piedras. al final de la piedra donde yo estuve sentada esa tarde, al rayo pleno del sol, empezaba directamente el mar, como una pileta inacabable, tranquila, absurdamente turquesa y transparente y azul. es probable que mi energía haya quedado en esa piedra, y que se pueda entender a la piedra a través de esa energía (y que yo esté fumando demasiado porro, también), pero yo siento paz. ay la paz, cómo se siente… cuando pienso en la piedra, siento paz, aunque esté sentada en este cyber regentado por colombianos que tiran un repugnante perfume en spray cada 15 minutos para que, entre eso y la apocalíptica alergia que le tengo al polen de los pinos de la isla, deje definitivamente de respirar, aún así siento paz y soy feliz. el miércoles, que no trabajo, vuelvo. y esta vez, prometo no olvidarme la cámara.

F

De los hombres con los que me acosté en mi vida, F fue el que más duró a lo largo del tiempo, incluso hasta hoy. Nos conocimos el año que me mudé a Córdoba en el Purgatorio, un bar de Nueva Córdoba que ya no existe.
Desde el principio establecimos una conexión extraña porque no hablábamos mucho ni nos conocíamos tanto, y sin embargo teníamos mucha piel, nos gustaba lo mismo en la cama y nos entendíamos sin más. Por alguna razón, al principio yo me resistí a coger con él, a pesar de que el tema de la virginidad ya era pasado pisado; no recuerdo mis motivos, pero él encontró la forma de convencerme.
No tengo una imagen clara de cómo nos conocimos, digo el momento exacto o qué nos dijimos, tal vez porque F forma parte de los recuerdos fijos de mi historia, como si no hiciera falta realmente recordar detalles que con otras personas sí fueran necesarios. Lo que más me gustaba (y pocas cosas me han gustado más de un hombre) era verlo perder la cabeza con mi cuerpo, la forma en la que fluía su instinto cuando me tenía desnuda al lado suyo y se pasaba horas tocándome y disfrutando cada detalle, sin apuros; cuando estaba con él me sentía Afrodita, me sentía mujer.

Unos años antes, F había jugado al rugby y se le nota en el cuerpo de una manera insinuante, en los pectorales marcados, la espalda ancha y las piernas fuertes, el cuerpo de un hombre como los de antes, en toda regla. Yo estudiaba relaciones públicas y él trabajaba en el estudio de abogados de su tío, y nos veíamos algunas siestas en la habitación de la pensión donde viví los primeros años. Los fines de semana que tocaba con la banda lo iba a ver, o si el tío abogado se iba de vacaciones y le dejaba la casa, nos encerrábamos en su habitación con el aire acondicionado a tope a fumar y hacer el amor hasta morir de cansancio, y de paso escapar del calor apocalíptico del verano cordobés.
Cuando tocaba el bajo me sentaba a verlo y podía estar horas sin hacer nada más que mirarlo improvisar, morderse los labios y quejarse por no poder tocar y cantar al mismo tiempo, y levantar la mirada y buscar con esos ojos verdes alguna señal de algo en mi cara y yo le decía que no le hacía falta cantar, que con tocar era más que suficiente, y realmente lo era; el factor musical en un hombre como F era la cereza del postre, la gota que rebalsaba el vaso del atractivo. Cuando estábamos juntos no pasaba el tiempo, entre porros y botellas de agua se nos pasaban las tardes, casi sin hablar, haciendo lo que mejor sabíamos; cuando estábamos juntos parecíamos una pareja consolidada y feliz.

El único problema con F era que él no quería compromisos, y después de esos maravillosos momentos, desaparecía por semanas, y reaparecía como si el tiempo no hubiera pasado, a veces incluso pasaban meses. Yo me moría de ganas de que se enamorara un poco de mí, de que me buscara más seguido; me moría de ganas de no tener que mendigar nada, y sin embargo nunca insistí ni adopté ningún tipo de actitud semi neurótica (como puede que sí haya actuado, tal vez, con otros hombres). Creo que no insistía porque, a diferencia de otros, a F le salía naturalmente, el tiempo en su vida pasaba de una manera distinta, y yo lo entendía y lo sigo entendiendo, solo que ahora las cosas son diferentes.

En noviembre del año pasado, después de casi dos años, volví a Argentina y nos vimos. Me pasó a buscar y fuimos al parque Sarmiento a sentarnos en un banco y contarnos cosas de nuestras vidas sin nosotros, hasta que empezó a lloviznar y tuvimos que buscar un plan B. Yo no tenía mayores intenciones que las de hablar en un encuentro pacífico y sencillo, pero no contaba con las suyas, y cuando le dije que en mi casa estaba estudiando mi hermano, bajamos por Trejo hasta la cuadra de los hoteles y pagamos una habitación por dos horas que no nos alcanzaron. A pesar del tiempo que había pasado sin vernos, todo seguía igual, su cuerpo, su aliento, sus ganas de mi. Yo, por mi parte, aporté el que considero ha sido en estos años un tremendo crecimiento personal, y entre los dos nos dejamos llevar, y nos perdimos. Por la ventana abierta se escuchaba caer la tormenta de la que nos salvamos, mientras ocurría la que resultó ser la tarde más erótica de mi vida. F me había extrañado y me lo demostró, nos tomamos nuestro tiempo para todo y aún así, entre los recuerdos y todo lo que tuvimos para dar, nos habrían hecho falta muchas otras tardes para quedar satisfechos.

Como era de esperarse, volvimos a hablar pero no llegamos a concretar nuevo encuentro, y nos vimos sólo una vez más, unos días antes de volverme, en la misma habitación del mismo hotel; me dijo que estaba triste porque me iba, y que me quiere. Por primera vez después de cinco años de conocernos, F me dijo que me quiere. Y cada vez que nos escribimos me lo dice, eso y que se quiere casar conmigo. Si algún día la vida llegara a juntarnos, creo que yo también me casaría con él.

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291208

me vas a llamar
esta vez me vas a llamar
me vas a llamar porque te encantó hablar conmigo
te encantaron mis comentarios acertados
te encantó verme bailar y moverme sin mirarte
te encantó el tatuaje de mi espalda, el olor de mi pelo, la piel de mis piernas, coger conmigo
me vas a llamar porque soy la chica que buscabas en tus sueños, la que lo reúne todo, porque te gusté, y mucho
tanto así que cuando suene el teléfono no voy a sorprenderme, porque estoy segura
de que vas a llamar

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mi vida actual

mi vida actual transcurre entre mi cama, el nuevo disco de britney spears, los cereales integrales y la escaladora del gimnasio. los fines de semana cambio la escaladora del gimnasio por las botas altas. la gente que me conoce y sabe que estoy sin trabajo intenta conseguirme uno, averigua, se mueve. yo me mantengo estoica en mi cama, con mis cereales integrales. estoy esperando a que algún rayo o luz inspiradora caiga desde el cielo, quiebre en dos los cimientos del edificio y entre por el techo de mi habitación para mostrarme el camino. mientras, me actualizo con la segunda temporada de gossip girl y heroes.

sintético y patético, idílico
un discurso que no es explicación
ni es pacto ni tregua o consuelo;
tu discurso es un proyecto de abandono.
la construcción del fin de la belleza
la destrucción de mis ganas de tenerte
los comienzos de una casa sin ventanas,
los primeros pasos de unos planes rotos.