grande

esta tarde en un pasillo me llegó el olor que había en tu auto cuando me pasabas a buscar por la esquina del colegio y por la esquina de mi casa. yo usaba zapatos altísimos, me teñía el pelo rubio y procuraba no hablar mucho por no poner en evidencia mis breves 16 frente a tus vastos 30. me sentaba en el asiento del acompañante y rayaba el tablero con los tacos, me sentaba en tu falda mientras vos intentabas manejar y lloraba abrazada a tu cuello porque mi papá no me quería. era chica y quería ser grande, chica y grande pero a tu lado. en vos se resumían el consuelo de mi mundo, los refugios de mis guerras, los restos de mi inocencia.
¿cuántos años estuve buscándote, después, entre ropa y autos nuevos y tus amores de paso? ¿te acordás cuánto tiempo pasó? y yo, creyendo que la persona a la que amaba todavía estaba ahí, en alguna parte de tu cuerpo, insistía en buscarte en los pocos momentos que me permitías a tu lado, y la persona a la que yo amaba no estaba en tu cuerpo, nunca. el amor no estaba porque me lo había inventado yo. fue tanto el dolor que pagué por entenderlo que el sólo recuerdo de un olor en un pasillo me agota.

hoy que volví a enamorarme así, de nadie, entiendo que algo me enseñaste, porque ahora (por lo menos) sé que el dolor no vale la pena.

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Un pensamiento en “grande

  1. Nano dice:

    Ni el olor ni el dolor valen la pena.

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