Una historia de amor – J
Octubre 15, 2009
J apareció en mi vida cuando yo era hippie y arrastraba un pantalón de lino rojo por las calles de Lavapies, el guetto de Madrid, el punto de reunión de todos los inmigrantes, extranjeros y españoles bolcheviques que dedican sus días a dormir y sus noches a tocar la guitarra, tomar cerveza y fumar porros sin mesura, como si el mundo fuera a acabarse al salir el sol.
En mis primeros meses en Madrid salíamos todas las noches con Audrey, mi compañera de piso francesa (y hippie), quién me presentó a sus amigos, un eterno montón de dementes que se juntaba siempre en el mismo banco (mejor conocido como “La Banca”) a cantar hasta que los vecinos se cansaban de los alaridos y tiraban baldazos de agua fría por sus ventanas (de los cuales uno, una vez, llegó a alcanzarme y dejarme sopa).
¡Oh, qué hippies éramos y que poco nos importaba el talle del pantalón y la limpieza del pelo, qué preocupados estábamos por la despenalización de la marihuana, la legalización de la okupación y las manifestaciones por los derechos de las mujeres! ¡Qué ideales, qué valores, qué futuro le esperaba a las generaciones que nos sucederían! Aunque el alcohol hubiera matádonos mediante violenta cirrosis, igual se habría luchado, todos los grandes mueren jóvenes y nosotros íbamos a cambiar el mundo. Aunque sería correcto hablar en pasado sólo de mi persona, y es que el resto de los habitantes de ese mundo sigue siendo y haciendo lo mismo y la que siguió un camino distinto fui yo; aunque hay historias que, involuntariamente, se arrastran.
Con J nos cruzamos una noche en la plaza de Lavapies y en un momento de mi vida en el que algunos amigos habían logrado convencerme de que el atractivo físico no lo es todo en esta vida, y habían conseguido convencerme también de que si un hombre no me gusta físicamente, tenía que darme/le la oportunidad de conocerlo mejor, porque dentro de ese cuerpo sin mayores atractivos podía estar escondida mi media naranja; y yo que siempre ando buscando el amor -aunque me avergüence reconocerme una proyección de la auténtica mujer en busca de cariño allí donde pueda haberlo- tenía las puertas del corazón abiertas. Y en ese momento exacto apareció este mexicano desorientado entre tanto porrón y hachís y que, con la excusa de un pseudo ataque a los argentinos que disfrazados de instructores de esquí invaden el mundo y se llevan las mejores mujeres, se quedó hablando conmigo. Mientras cada noche yo (y de la manera más cursi) revivía mis raíces cantando “Carpas de Salta” siempre que un compatriota cordobés agarraba la guitarra y hacía la gauchada de entonarme los acordes, J pasaba por donde estábamos e intentaba sacarme tema de conversación e insistió hasta que le dí, si mal no recuerdo, mi email, y finalmente quedamos para tomar algo. J no me gustaba, pero me parecía gracioso y ahí empezó todo.
Llegó a nuestra primera cita en una terraza de plaza Santa Ana con dos libros chiquitos y uno más grande, los tres en los bolsillos del pantalón, que había sacado de no se dónde para regalarme y que tengo todavía por ahí. Hablamos un rato, tomamos algo y me acompañó a la puerta de casa. No recuerdo si fue después de la segunda cita, la cual, de haber existido, tampoco recuerdo como fue, que terminamos en mi casa y entonces sucedió lo inevitable… no sólo el amor no tocaría las puertas de mi corazón, ni había encontrado mi media naranja ni podría darle la razón a mis amigos sino que además, pasé una de las peores noches de sexo de mi vida. Podría dar detalles pero creo que hasta me da vergüenza. Vamos a dejarlo en que a la mañana siguiente tuve casi que echarlo, porque lo veía decidido a pasar en mi little room el resto de la eternidad y fue entonces que comprendí que yo no era tan hippie como pretendía ser, que los demás podrían decir lo que quisieran pero que la atracción física SÍ importa, y principalmente, entendí que tenía que sacarme a J de encima.
Habiendo aún acontecido lo fatídicamente sucedido, unos días después sucedió algo aún más fatídico y es que al serme imposible inventar excusas válidas para evitarlo, volvimos a vernos y me dijo todo aquello por lo que yo hubiera resignado a cualquier corona con tal de no escuchar: que yo era lo mejor que le había pasado en los dos años que llevaba en España, que ese era su mejor verano, que ahora él sabía “que yo existía”, que se sentía realizado y feliz porque “yo” había llegado a su vida y una gran sarta de las cosas más absurdas que se le pueden decir a una persona con la que tuviste tu primer conversación coherente hace menos de 72 horas. J se declaró enamorado sin apenas conocerme y yo quería que lo tragara la tierra (a él, claro) y se lo llevara bien lejos.
Me tocó experimentar, entonces, eso que le pasa a algunos hombres cuando algunas mujeres nos enamoramos sin apenas conocerlos: les reventamos el teléfono a llamadas y mensajes justificándonos con los archi utilizados: “tal vez no tiene crédito”, “seguro que no escuchó el teléfono” y “no debe tener señal”, y nos aparecemos por su laburo y en los lugares que frecuenta y le hablamos por messenger y le mandamos zumbidos y le reenviamos todas las cadenas y también unos cuantos mails y lo agregamos a facebook, al fotolog, a flickr, a twitter y a la cuenta de youtube y le mandamos fotos y videos y canciones y poemas y dibujos y lo invitamos a conciertos y a exposiciones y a cines y a obras de teatro hasta que al pobre sujeto no le quedan más opciones que mandarnos al mismísimo carajo. Así, pero sufrido en carne propia: todo lo que había podido ocurrírsele para “reconquistarme”. Claro que, lejos de funcionarle la estrategia, consiguió convertirse en un insufrible dolor de huevos. Hasta el día de hoy, habiendo pasado casi tres años desde entonces, pega eventualmente el pobre hombre inservibles manotazos de ahogado. Aunque debo reconocer que lleva varios meses sin aparecer, pero no quiero cantar victoria… a los sufridores nos encanta reincidir.
la ley de la calle
Septiembre 9, 2009
no era la primera vez que me los cruzaba, y siempre supuse que ir en una bici con la música al palo no era lo más civilmente correcto, ya que no escucho una papa de lo que sucede a mi alrededor, pero nunca en estos cuatro meses me pararon ni me dijeron nada, así que seguí de largo sin preocupaciones; hasta que unos minutos después el mismo auto (que al verme habría dado la vuelta) pasó por al lado mío, paró más adelante y uno de los guardias que bajaba del vehículo, haciéndome señas con la mano, me indicó que parara. yo miré para todos lados pretendiendo no entender por qué habrían de pararme a mi, la deportista, y me acerqué al oficial empezando ya a poner mi mejor cara de sorpresa.
lo bueno de andar en bici es que con el viento el calor no se siente y va una muy fresca; lo malo es que en cuanto se desciende del vehículo y no hay más aire golpeando el cuerpo, este mismo comienza a sudar, ahora en verano de forma estrepitosa y violenta. creo que le debo a hawaiian tropic la virginidad de mis antecedentes de tránsito.
sorprendidísima, mientras me quitaba los cascos y los guardaba en un estuche de la bici donde llevo, entre otras cosas, el dni, me dispuse a escuchar el por qué del stop mientras me auto convencía internamente de mi inocente ignorancia respecto de lo que se me estaba informando:
“¿sabe usted que no puede ir escuchando música en bicicleta y mucho menos por una carretera? ¿sabe que la broma podría suponerle una multa de 150€? imagínese usted que viene un coche detrás y le pita, usted no lo escucha y le pasa por encima, ¿entonces que hacemos?”
“no no, claro, la verdad es que tiene razón, no lo había pensado nunca así, claro que tiene razón, no sabía que estaba prohibido pero por supuesto que ahora que lo sé no lo volveré hacer, no se preocupe que no habrá próxima vez, no se volverá a repetir, claro que no, no tiene usted que preocuparse”.
habíamos llegado a un acuerdo y estaba yéndose ya el hombre pero se vuelve sobre sus pasos: “no tendrá usted ahí su dni, ¿no? porque sino le tomaba los datos, por si la volvemos a ver” (aquí, momento de astucia argentina, que después califiqué de estúpido ya que por no llevar identificación también me pueden multar) “no, no lo tengo conmigo ahora, es que no tengo donde ponerlo, pero no se preocupe que no va a volver a pasar, no me va a volver a ver con los cascos” “vale, perfecto, vaya con cuidado” “sí, claro, gracias, gracias, hasta luego, gracias”.
dice una amiga que si yo fuese hombre ya estaría pagando la multa, ya que (dice siempre otro amigo) “el desconocimiento de la ley no exime de su cumplimiento”.
casi, otra vez casi. creo que la música sobre pedales va a terminar acabando conmigo…
me encanta !
Julio 27, 2009
el segundo accidente más absurdo de mi vida
Julio 19, 2009
debo aclarar que soy una persona que no sólo casi no se ha accidentado en la vida, sino que además mis accidentes han sido, los pocos ellos, absurdos. aunque podría considerarse como tal, creo que clavarme un plumín cargado de tinta china en cuarto grado del colegio no llega a calificar como accidente, y como no puedo completar la historia mostrando el punto azuláceo que me quedó en el dedo (¡mi primer tatuaje!), queda descartado. nos remitimos, entonces, a dos.
el primer accidente más absurdo de mi vida fue hace unos ocho años, en mi tierna adolescencia, cuando estaba de novia con el negro. un día nos prestaron una moto de enduro y nos fuimos a dar vueltas, y en una de esas vueltas, andando por la parte empinada de una bicisenda recién asfaltada, la rueda de adelante patinó y nos deslizamos, la moto, el negro y yo, sobre mi espalda unos cuantos metros. el resultado fue un pantalón, una remera y mi espalda llenos de alquitrán, el alquitrán metido en medio de todos los raspones de la espalda y algún que otro moretón. lo cierto es que vuestra interlocutora es una cagona, y se asustó y lloró como la niña que era, y nunca le contó a su mamá lo sucedido porque sino ardía troya, y no estaba el horno para bollos. hasta ahí el primero.
el segundo accidente más absurdo de mi vida tuvo lugar el lunes pasado. acabado el día de trabajo, me subí a mi bici y, como soy muy pilla, aceleré (aunque no estoy segura de que en una bici se acelere). la cosa es que venía yo rápido, y con el ipod en la mano porque la mala costumbre de auto-ponerse en pausa había comenzado a convertirse en una mala y muy frecuente costumbre, y en algún momento de todo esto me distraje, y decidí (muy mal decidido) frenar. y clavé los frenos. y el freno de adelante de mi bici está super ajustado. y ahí fuimos el ipod, los cascos, la mochila y yo, todos a aterrizar de modo rotundo en el asfalto, y la bici por atrás. en ese momento, el pensamiento que cruzó mi cabeza fue “me destrolo”. y me destrolé.
ahora que lo pienso, es probable que mi conciencia se haya perdido durante uno o dos segundos en los que me quedé tirada como una muñeca de trapo, con la bici encima, hasta que un chico liberóme de mi prisión y me preguntaba cómo estaba, sin poder responder yo nada de eso, y llevóme unos minutos darme cuenta de que me había estampado en el medio de la calle casi por decisión propia, porque no había tenido necesidad alguna de frenar, ni mucho menos tan brutalmente. si me lo propongo, puedo recordar el momento en el que mi cabeza golpeaba el suelo, sentir el rebote y el olor al asfalto, a la gasolina, al desastre. en fin.
el recuento de daños se resume a un corte en el puño izquierdo, un raspón feo en la palma derecha, un bollo importante en una ceja, otros raspones en un codo y la pierna derecha y un golpe muy bonito en la pierna izquierda que me tuvo medio coja durante dos días. y un buen susto, claro.
aparentemente ésta fue la semana de los porrazos porque a una amiga antes de ayer la interceptó una bici y a un ex compañero de trabajo que iba en moto se le interceptó un muro y se estampó igual que yo. debe ser la luna. o la crisis. o la gripe A. eso.
ah, dos cosita más.
1) mi ipod ha muerto
2) ME TIENEN PODRIDA CON MICHAEL JACKSON
Paciencia
Julio 5, 2009
(…)hay cines, hay trenes, hay cacerolas, hay fórmulas hasta para describir la espiral de una caraco- (viene diciendo mi ipod, y se queda callado, de repente. Antes se apagaba, y ahora se apaga y se pone en pausa, sólo, con el hold activado, juega con mi paciencia, verás, ¿con qué derecho?)
Mañana tengo día libre, me lo cambió Mikael, uno de los eslovacos con los que trabajo en la barra, el mismo que no para de mover la mandíbula como si estuviese duro como una puerta. O por lo menos esa era la hipótesis que barajábamos al principio, pero después de dos meses de verlo zarandear la mandíbula todos los días y sin descanso, se desistió, no puede estar duro todo el tiempo. Habrá un problema funcional, creemos. O un tic tal vez, por qué no. En fin, Mike quería el miércoles libre así que se lo cambié; no me viene bien pero tampoco me modifica terroríficamente los esquemas de la vida y cuando necesite un cambio de día ya sé a quién pedírselo (hoy por tí…).
Un tercio de los sujetos que trabajan conmigo son eslovacos, y estoy aprendiendo eslovaco. Otro tercio franceses, y estoy refrescando mi escueto francés. Y los otros somos argentinos, españoles y demás. Y todos, por igual y en cualquier idioma, odiamos a Raduán y Rachid, los hermanos-managers que llevan el restaurante donde se nos ocurrió meternos a trabajar. Gloriosas ideas.
Pili y Mili (uno un infelíz y el otro su sombra, siempre juntos y jodidos), los semi moros (porque son nacidos en francia, pero vamos… ¿Raduán y Rachid? si tuviese una foto sobraríanme las aclaraciones), nos están jodiendo la temporada. Un día de estos los acuchillo. Debo encontrar una solución al dilema porque trabajar 60 horas semanales bajo los ojos controladores de P&M no es lo mío, e ir presa por homicidio tampoco, soy joven y tengo muchos planes. Los trabajos en Ibiza escasean a esta altura del año, y eso es un problema. Y el cyber cierra, y eso es una señal. Tal vez una pizza de queso de cabra me solucione lo que queda del día, aunque sea el de hoy. Si llego, mañana dejaré que el mar enjuague mis males.
fiesta, amor y humedad
Junio 25, 2009
uno de los únicos pocos problemas es dejarse un paquete abierto, o siquiera semi abierto, porque la isla es húmeda y la humedad acaba con tus comida. pocas cosas peores que morder con toda una ilusión una galleta que, en su teórica esencia debiera ser crocante, y que la hijadeputa (ella y todo el paquete) resulte estar ultra babosa.
otro problema puede ser no estar conforme con el trabajo, algo que suele sucederme de forma espontánea y frecuente, en todas partes del mundo. soy bolche, no puedo cerrar la boca, que va usté a hacerle. esta mala costumbre de disfrazar la esclavitú de 60 hs semanales no me hace ninguna gracia.
pero la isla sigue siendo verde y azul y bella.
y empiezan a llegar los bellos hombres, y también las mujeres.
y la primavera se va, y con ella (para inmensa y alegre sorpresa) mi alergia, mis mocos, las gotas para los ojos, y la naríz, y el antialérgico, y los pañuelos, y los estornudos…
y entre hoy y mañana, que tengo días libres, debo conseguirme un nuevo trabajo, y así será, uno bueno y bonito en el que me paguen mucho, lo encontraré, me tengo una inconmensurable e infinita fe (y he tenido que buscar inconmensurable en el diccionario para ver dónde iba tanta N, lo admito).
y no mucho más. paz y amor, amigos, y mucha fiesta desde este fabuloso lugar.
me sobran las palabras
Junio 12, 2009







e i v i s s a
Junio 8, 2009
hoy caminé sobre spaguettis y volví a tener cuatro años (a alguien se le había roto un paquete en el medio del super, nada del otro mundo). y el otro día encontré un perfume que le robaba a mi mamá en la adolescencia y que había borrado de mi memoria y volví a tener 15 o 16 más o menos (y fue un poco del otro mundo, esa sí). pero lo que sí se vivió desde este cuerpo como absolutamente del otro mundo fue haber estado sentada en una piedra en una cala en esta isla en medio del mediterráneo. not of this earth.
si vivís en el centro de ibiza no entendés nada; si tenés la oportunidad de que alguien te lleve a conocerla por dentro, lo entendés todo. porque el centro de ibiza es una mezcla entre marruecos, ghana (las putas de la esquina de casa) y una carpa gitana de las que había en salta cuando yo era chica, sólo que los gitanos de acá no se visten con telas ni viven en carpas. pero oh, agarrá un auto y andate por ahí en tu día libre, y entendé todo. entendé como el verde infinito y el azul eterno del paisaje se te meten en el cuerpo y no quieren salir más. entendé como el agua es parte tuya, extensión de tus brazos y tus piernas y tu cara y como no querés volver a ver un edificio en tu puta vida. creo que hasta podés entender las piedras. al final de la piedra donde yo estuve sentada esa tarde, al rayo pleno del sol, empezaba directamente el mar, como una pileta inacabable, tranquila, absurdamente turquesa y transparente y azul. es probable que mi energía haya quedado en esa piedra, y que se pueda entender a la piedra a través de esa energía (y que yo esté fumando demasiado porro, también), pero yo siento paz. ay la paz, cómo se siente… cuando pienso en la piedra, siento paz, aunque esté sentada en este cyber regentado por colombianos que tiran un repugnante perfume en spray cada 15 minutos para que, entre eso y la apocalíptica alergia que le tengo al polen de los pinos de la isla, deje definitivamente de respirar, aún así siento paz y soy feliz. el miércoles, que no trabajo, vuelvo. y esta vez, prometo no olvidarme la cámara.
happy birthday to me !
Marzo 19, 2009

manos
Marzo 11, 2009

un amigo tenía ganas de sacarme fotos, subiré algunas !
F
Febrero 7, 2009
De los hombres con los que me acosté en mi vida, F fue el que más duró a lo largo del tiempo, incluso hasta hoy. Nos conocimos el año que me mudé a Córdoba en el Purgatorio, un bar de Nueva Córdoba que ya no existe.
Desde el principio establecimos una conexión extraña porque no hablábamos mucho ni nos conocíamos tanto, y sin embargo teníamos mucha piel, nos gustaba lo mismo en la cama y nos entendíamos sin más. Por alguna razón, al principio yo me resistí a coger con él, a pesar de que el tema de la virginidad ya era pasado pisado; no recuerdo mis motivos, pero él encontró la forma de convencerme.
No tengo una imagen clara de cómo nos conocimos, digo el momento exacto o qué nos dijimos, tal vez porque F forma parte de los recuerdos fijos de mi historia, como si no hiciera falta realmente recordar detalles que con otras personas sí fueran necesarios. Lo que más me gustaba (y pocas cosas me han gustado más de un hombre) era verlo perder la cabeza con mi cuerpo, la forma en la que fluía su instinto cuando me tenía desnuda al lado suyo y se pasaba horas tocándome y disfrutando cada detalle, sin apuros; cuando estaba con él me sentía Afrodita, me sentía mujer.
Unos años antes, F había jugado al rugby y se le nota en el cuerpo de una manera insinuante, en los pectorales marcados, la espalda ancha y las piernas fuertes, el cuerpo de un hombre como los de antes, en toda regla. Yo estudiaba relaciones públicas y él trabajaba en el estudio de abogados de su tío, y nos veíamos algunas siestas en la habitación de la pensión donde viví los primeros años. Los fines de semana que tocaba con la banda lo iba a ver, o si el tío abogado se iba de vacaciones y le dejaba la casa, nos encerrábamos en su habitación con el aire acondicionado a tope a fumar y hacer el amor hasta morir de cansancio, y de paso escapar del calor apocalíptico del verano cordobés.
Cuando tocaba el bajo me sentaba a verlo y podía estar horas sin hacer nada más que mirarlo improvisar, morderse los labios y quejarse por no poder tocar y cantar al mismo tiempo, y levantar la mirada y buscar con esos ojos verdes alguna señal de algo en mi cara y yo le decía que no le hacía falta cantar, que con tocar era más que suficiente, y realmente lo era; el factor musical en un hombre como F era la cereza del postre, la gota que rebalsaba el vaso del atractivo. Cuando estábamos juntos no pasaba el tiempo, entre porros y botellas de agua se nos pasaban las tardes, casi sin hablar, haciendo lo que mejor sabíamos; cuando estábamos juntos parecíamos una pareja consolidada y feliz.
El único problema con F era que él no quería compromisos, y después de esos maravillosos momentos, desaparecía por semanas, y reaparecía como si el tiempo no hubiera pasado, a veces incluso pasaban meses. Yo me moría de ganas de que se enamorara un poco de mí, de que me buscara más seguido; me moría de ganas de no tener que mendigar nada, y sin embargo nunca insistí ni adopté ningún tipo de actitud semi neurótica (como puede que sí haya actuado, tal vez, con otros hombres). Creo que no insistía porque, a diferencia de otros, a F le salía naturalmente, el tiempo en su vida pasaba de una manera distinta, y yo lo entendía y lo sigo entendiendo, solo que ahora las cosas son diferentes.
En noviembre del año pasado, después de casi dos años, volví a Argentina y nos vimos. Me pasó a buscar y fuimos al parque Sarmiento a sentarnos en un banco y contarnos cosas de nuestras vidas sin nosotros, hasta que empezó a lloviznar y tuvimos que buscar un plan B. Yo no tenía mayores intenciones que las de hablar en un encuentro pacífico y sencillo, pero no contaba con las suyas, y cuando le dije que en mi casa estaba estudiando mi hermano, bajamos por Trejo hasta la cuadra de los hoteles y pagamos una habitación por dos horas que no nos alcanzaron. A pesar del tiempo que había pasado sin vernos, todo seguía igual, su cuerpo, su aliento, sus ganas de mi. Yo, por mi parte, aporté el que considero ha sido en estos años un tremendo crecimiento personal, y entre los dos nos dejamos llevar, y nos perdimos. Por la ventana abierta se escuchaba caer la tormenta de la que nos salvamos, mientras ocurría la que resultó ser la tarde más erótica de mi vida. F me había extrañado y me lo demostró, nos tomamos nuestro tiempo para todo y aún así, entre los recuerdos y todo lo que tuvimos para dar, nos habrían hecho falta muchas otras tardes para quedar satisfechos.
Como era de esperarse, volvimos a hablar pero no llegamos a concretar nuevo encuentro, y nos vimos sólo una vez más, unos días antes de volverme, en la misma habitación del mismo hotel; me dijo que estaba triste porque me iba, y que me quiere. Por primera vez después de cinco años de conocernos, F me dijo que me quiere. Y cada vez que nos escribimos me lo dice, eso y que se quiere casar conmigo. Si algún día la vida llegara a juntarnos, creo que yo también me casaría con él.
the end
Enero 18, 2009
esto no es más que la decadencia hecha blog
estoy a punto de cerrarlo for good
he perdido absolutamente todas las esperanzas de recobrar un ápice de lo que alguna vez pareció ser inspiración
creo que voy a empezar a subir fotos, sólo fotos
escribir pa qué ?
brrrrrrrrr
Enero 9, 2009
está nevando en madrid
nieva
nieve
blanca
copitos blancos que no dejan de caer
la ropa colgada afuera está congelada
en algunas partes del patio interno del edificio la nieve cuaja y está BLANCO
NIEVE
y son las 9 de la mañana
y hace un frío inhumano
y yo tengo que ir a ponerme la segunda dosis de la antitetánica y no quiero
y no tengo idea que se supone que tiene que ponerse una cuando nieva
yo soy de salta, che
291208
Diciembre 29, 2008
me vas a llamar
esta vez me vas a llamar
me vas a llamar porque te encantó hablar conmigo
te encantaron mis comentarios acertados
te encantó verme bailar y moverme sin mirarte
te encantó el tatuaje de mi espalda, el olor de mi pelo, la piel de mis piernas, coger conmigo
me vas a llamar porque soy la chica que buscabas en tus sueños, la que lo reúne todo, porque te gusté, y mucho
tanto así que cuando suene el teléfono no voy a sorprenderme, porque estoy segura
de que vas a llamar
bailas ?
Diciembre 24, 2008
me contó un pajarito
que las bailarinas eróticas
ganan,
sin necesidad
de acostarse
con hombre alguno,
mucho dinero.
he pensado que,
de dedicarme a ello,
mi única preocupación sería
la de mantener mi cuerpo
en muy buen estado,
lo cual llevo un tiempo haciendo
y me produce
una gran satisfacción.
he pensado también
que,
encontrándome
en un momento de mi vida
de total armonía
con mi físico
y mi imagen,
no estaría nada mal
sacarle provecho
a dicha simbiosis personal.
y lo único que me detiene
en este momento
es que no tengo idea
de como meterme
en ese mundillo,
pero…
dicen
que tiempo al tiempo.
mi vida actual
Diciembre 5, 2008
mi vida actual transcurre entre mi cama, el nuevo disco de britney spears, los cereales integrales y la escaladora del gimnasio. los fines de semana cambio la escaladora del gimnasio por las botas altas. la gente que me conoce y sabe que estoy sin trabajo intenta conseguirme uno, averigua, se mueve. yo me mantengo estoica en mi cama, con mis cereales integrales. estoy esperando a que algún rayo o luz inspiradora caiga desde el cielo, quiebre en dos los cimientos del edificio y entre por el techo de mi habitación para mostrarme el camino. mientras, me actualizo con la segunda temporada de gossip girl y heroes.
sintético y patético, idílico
un discurso que no es explicación
ni es pacto ni tregua o consuelo;
tu discurso es un proyecto de abandono.
la construcción del fin de la belleza
la destrucción de mis ganas de tenerte
los comienzos de una casa sin ventanas,
los primeros pasos de unos planes rotos.
crónica de unas tetas operadas ( V )
Noviembre 11, 2008
en exactamente 10 días, mis tetas cumplen un año.
es de mi gran satisfacción descubrir el increíble cambio experimentado a lo largo de todos estos meses a nivel forma y caída, no podría estar más conforme. al principio las veía muy redondas y poco naturales, pero en los últimos dos meses todo eso ha cambiado y para bien; para muy bien.
gran parte de esto se lo debo en un 70% a mi cirujano, y podría mandarle un ramo de flores o algo por el estilo pero estoy muy lejos y de todos modos no se acordaría de mí.
el efecto de las novedades en el autoestíma es impresionante. y ni hablar en los hombres. tengo un nuevo poder en mis manos, y ya nada puede detenerme.

